7 razones para volver a congregarte.

Razón #1: Porque Dios nos manda a congregarnos.

“Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca” (Hebreos 10:24, 25).

El llamamiento de Hebreos 10:24 se resume de la siguiente manera: planeen cómo provocar a sus hermanos a amar y a hacer buenas obras. Y el versículo 25 nos muestra la manera en la cual hacemos eso. Negativamente: “no dejando de congregarnos”. Positivamente: “exhortándonos”.

Congregarse tiene dos componentes: personas (la iglesia no es un lugar sin personas) y un lugar (ese grupo de personas está llamada a reunirse en un lugar). Y, según Hechos 2:42, la costumbre de la iglesia ha sido congregarse para escuchar la predicación de la Palabra, orar, tener comunión y participar de la Santa Cena.

Esa es la regla general. Lo que pasó en el 2020 era la excepción. No nos estábamos congregando presencialmente –o no nos estábamos congregando como antes– en sumisión a las autoridades (Romanos 13) y por misericordia o amor a nuestros hermanos (Mateo 9:13).

La regla general es no dejar de congregarnos. Y eso no se refiere a personas abandonando la iglesia local una vez y para siempre; se refiere a personas dejando de reunirse regularmente como iglesia. Nótese que dice: “como algunos tienen por costumbre” –una costumbre es algo que haces no una vez, sino regularmente–.

Algunos tienen la costumbre de congregarse y rara vez no lo hacen. Pero otros, dice el autor de Hebreos, tienen la costumbre de no congregarse y rara vez lo hacen. Para algunos es raro que no se congreguen. Para otros es raro que se congreguen. Cuando dejas de congregarte sin causa justificada y pasa un domingo, otro domingo y otro domingo, estás dejando de congregarte. Y dejar de congregarse es un pecado.

Lo próximo que vemos en el versículo 25 es la manera positiva en la cual nos estimulamos al amor y a las buenas obras, ésta es: “exhortándonos”. Lo que significa literalmente hacer un llamado de cerca y personal. Es decir que el estimularnos al amor y a las buenas obras comienza con palabras y termina en acciones.

Esa exhortación puede venir de distintas formas:

  • Puede ser un llamado a perseverar en Jesucristo (como claramente vemos en el contexto inmediato), a través del arrepentimiento diario de nuestros pecados y la confianza diaria en Jesús como único Señor y suficiente Salvador.
  • Puede ser una instrucción de cómo hacer algo que Dios espera de nosotros o un llamamiento a vivir de acuerdo a la santidad de Dios (1 Tes. 2:12).
  • Puede ser una consolación ante una circunstancia difícil (Hch. 15:32).
  • Puede ser animando a los hermanos a seguir haciendo lo bueno (Hch. 14:22).
  • Puede ser un ruego para que los hermanos hagan alguna otra cosa buena (2 Co. 5:20).
  • Puede ser también una reprensión (1 Co. 1:10; Flp. 4:2), llamando a los hermanos a reconocer su pecado y a apartarse de él cuando no se está amando y haciendo buenas obras tal como se manda aquí.

Esa exhortación no se limita a la iglesia reunida, pero no es menos cierto que comienza allí.


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1ra parte; 2da parte

¿Le tienes miedo a la persecución?

“Aunque tenga que morir junto a Ti”, le dijo Pedro a Jesús, “jamás te negaré”. Esas palabras evidenciaron mucha presunción en el corazón de Pedro. Él estaba alardeando de sí mismo y de sus propias cualidades a pesar de que Jesús les había dicho a Sus discípulos: “todos se apartarán”; y específicamente a Pedro: “me negarás tres veces”. Todos sabemos lo que sucedió después: Pedro negó a Jesús tres veces, con maldiciones.

Hay muchos cristianos como el apóstol Pedro hoy en día, pero también hay otros que le tenemos miedo a la persecución; no por la persecución en sí misma, sino porque ésta pudiera hacernos negar al Señor Jesucristo. Y quiero dejar algo claro: estoy hablando de cristianos con un sincero amor por Jesucristo que no están planeando negarlo en el futuro. Pero al mismo tiempo, ellos están conscientes de lo débil que son.

Hoy quiero traer las buenas noticias que Romanos 8 tiene para ellos. Cuando creemos esas buenas noticias, nuestros temores menguan.

LA REALIDAD DE LA PERSECUCIÓN

En Romanos 8:35 el apóstol Pablo hace la siguiente pregunta: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?”. E inmediatamente después, el apóstol pasa a mencionar una serie de experiencias en este mundo, experiencias que tratan de separarnos del amor de Cristo. Y entre esas experiencias se menciona la “persecución”, de parte de aquellos que no tienen fe contra los cristianos.

Hoy se habla de que los cristianos van a ser perseguidos como si fuera una experiencia futura. Pero cuando abrimos la Biblia vemos que los que son de Dios han experimentado persecución desde Génesis 4, cuando Caín mató a su hermano Abel.

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Respuestas a las tres causales del aborto [III]

Antes de responder a las tres causales del aborto en el artículo anterior, vimos que la vida comienza desde la concepción (o desde el momento en el que el espermatozoide entra en el óvulo y da lugar al desarrollo del embrión). Por lo tanto, abortar es matar a una persona viva e inocente. Y eso es un pecado según la Biblia, aun si en la nación en donde vives el aborto es legal.

En Éxodo 21:22 y 23 encontramos lo siguiente: “Si algunos hombres luchan entre sí y golpean a una mujer encinta, y ella aborta, sin haber otro daño, ciertamente el culpable será multado según lo que el esposo de la mujer demande de él. Pagará según lo que los jueces decidan. Pero si hubiera algún otro daño, entonces pondrás como castigo, vida por vida”. Nótese que aunque el daño a la criatura en el vientre no fue intencional, el culpable debía ser penalizado por su negligencia. Y si aquella persona que accidentalmente causaba un aborto era penalizada, ¡mucho más lo será la persona que intencionalmente causa un aborto!

Ahora, ¿qué podemos decirle a una mujer que ya ha intencionalmente abortado –o a un médico que ha provocado intencionalmente un aborto–? Que si confiesas tu pecado y te arrepientes sinceramente, serás perdonada completamente. Porque aunque tu pecado es grande, el perdón que Dios ofrece en Jesucristo es mucho más grande. Y el rey David fue un ejemplo de eso que acabo de decir.

EL PECADO DE DAVID

La mayoría de las versiones (traducciones) de la Biblia titulan a 2 Samuel 11 como “David y Betsabé”. Eso debido a que en este capítulo se relata el adulterio que David cometió. Ahora, el adulterio de David no es el único pecado que se relata en este capítulo; también se relata como el rey le quitó la vida a una persona inocente.

Cuando se le dijo a David que Betsabé estaba embarazada, él trató de convencer a Urías (esposo de Betsabé) de que fuera a su casa y se acostara con su esposa –David estaba tratando de encubrir su pecado así–. Pero Urías no lo hizo. David, entonces, ordenó que pusieran a Urías al frente de la batalla más reñida para que fuera herido y muriera. Y así sucedió, Urías murió en batalla.

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Respuestas a las tres causales del aborto.

La vida es sagrada, en el sentido de que ésta es digna de veneración y respeto. Por eso la celebramos, la cuidamos y la defendemos. Ahora, en el debate sobre el aborto, algunos de los que lo apoyan también dicen con sus bocas que la vida es sagrada. Ellos afirman que quien se aborta no tiene vida todavía y, por lo tanto, no es alguien, sino algo. Y es por eso que, antes de responder a las tres causales del aborto, me gustaría que consideremos cuándo comienza la vida.

¿CUÁNDO COMIENZA LA VIDA?

Según la Constitución Dominicana (2015), la vida comienza desde la concepción; es decir, desde el momento en el que el espermatozoide entra en el óvulo y da lugar al desarrollo del embrión. El artículo 37 de nuestra Constitución dice:

“Derecho a la vida. El derecho a la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte. No podrá establecerse, pronunciarse ni aplicarse, en ningún caso, la pena de muerte”.

Eso no es algo que se encuentra sólo en la Constitución Dominicana; la Convención Americana Sobre Derechos Humanos (Pacto de San José) también reconoce que la vida comienza desde la concepción. En su artículo 4.1, este tratado internacional dice:

“Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente”.

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