Bridges sobre “La providencia de Dios”.

La providencia de Dios es su constante cuidado y gobierno absoluto sobre toda su creación para su gloria y el bien de su pueblo. Observe de nuevo, los términos ilimitados: Preocupación constante, gobierno absoluto, toda creación. Nada escapa a su cuidado y control, incluso el virus más pequeño.

Pero observe también el doble objetivo de la providencia de Dios: Su gloria y el bien de su pueblo. Estos dos propósitos nunca se oponen, pues siempre guardan relación. Dios nunca busca su gloria a expensas del bien de su pueblo, ni busca nuestro bien a expensas de su gloria. Él ha diseñado su propósito eterno para que su gloria y nuestro bien estén estrechamente unidos. ¡Qué consuelo y tranquilidad debe ser para nosotros! Si vamos a aprender a confiar en Dios en la adversidad, también debemos creer que así como Dios no permitiría que nada arruinara su gloria, tampoco permitirá que nada dañe el bien que está ejerciendo en y por nosotros.

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La autora Margaret Clarkson, quien ha sufrido toda la vida dijo: “Que Dios en realidad es tan bueno como poderoso, es uno de los principios básicos de la creencia cristiana”. Admitimos que con frecuencia somos incapaces de reconciliar la soberanía y bondad de Dios frente a una gran tragedia o adversidad personal; pero también creemos que, aunque a menudo no entendemos los caminos de Dios, Él está obrando soberanamente en todas nuestras circunstancias.

No es fácil creer en la doctrina de la providencia de Dios, especialmente en estos días cuando parece que ésta ha caído en tiempos difíciles. Como el profesor G. C. Berkouwer dijo en su libro La Providencia de Dios: “La realidad asalta esta confortante y optimista confesión. ¿Podrían los terrores catastróficos de nuestro siglo, con los sufrimientos desproporcionados que afligen a los individuos, a las familias y a los pueblos, ser un reflejo de la guía de Dios? ¿La honestidad pura no nos obliga a dejar de buscar escape en un mundo armonioso y super-sensible? ¿No nos pide la honestidad limitarnos únicamente a lo que está ante nuestros ojos y, enfrentar sin ilusiones el orden del día?”.

Todos, creyentes y no creyentes, experimentamos ansiedad, frustración, dolor y decepción. Algunos sufren intenso dolor físico y lo que llamamos “tragedias”. Pero lo que debería distinguir el sufrimiento de los creyentes del sufrimiento de los que no lo son, es la confianza en que nuestra adversidad está bajo el control de un Dios todopoderoso y amoroso. Nuestro sufrimiento tiene significado y propósito en su plan eterno, y El trae a nuestras vidas sólo lo que es para su gloria y nuestro bien.

Este artículo es un extracto tomado de: Jerry Bridges. Confiando en Dios aunque la vida duela (Colombia: Centros de Literatura Cristiana, 1998), pp. 27-35.

Hogar, dulce hogar.

El cielo será un universo sin la maldición, listo para ser explorado y disfrutado como nunca antes por una iglesia ya glorificada. El cielo será Dios morando y teniendo comunión con Su pueblo. Y en el cielo todo será bueno, sin defecto.

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5 verdades sobre el endurecimiento del corazón.

Con el propósito de que velemos para que nuestro corazón no se endurezca, he aquí cinco verdades sobre el endurecimiento del corazón a partir de la vida Faraón:

1. Dios es soberano y el hombre es responsable. Repetidas veces la Biblia nos dice que fue Faraón quien endureció su corazón (Éxodo 7:13, 22; 8:32; 9:7). Lo cual dice que Faraón fue responsable del endurecimiento de su corazón. Pero también la Biblia nos dice que fue Dios quien endureció el corazón de Faraón (Éx. 9:12; 10:20, 27). Lo cual nos hace ver que la soberanía de Dios se extendió aun al endurecimiento del corazón de Faraón1.

2. El endurecimiento sucede cuando no se cree ni se obedece la Palabra a pesar de haberse conocido las obras de Dios. Faraón vio como la vara de Aarón se convirtió en culebra, vio la plaga de sangre, vio la plaga de ranas, vio la plaga de piojos, vio la plaga de moscas, vio la plaga en el ganado, vio la plaga de úlceras, vio la plaga de granizo, vio la plaga de langostas, vio la plaga de tinieblas (Éxodo 7-10). Sin embargo, Faraón ni creyó la Palabra de Dios ni obedeció al mandato divino de dejar ir al pueblo de Israel.

3. Un corazón endurecido no es tan sensible como lo era o como otros lo son. Hubo un momento en el cual hasta los hechiceros del mismo Faraón reconocieron que las plagas venían de Dios, pero Faraón no los escuchó (Éxodo 8:19). Y hubo un momento en el cual los siervos de Faraón le dijeron que dejara ir al pueblo de Israel (Éx. 10:7), pero él no quiso dejarlos ir.

4. El endurecimiento es más un proceso que un evento. La Biblia relata que no fue una vez que Faraón endureció su corazón, sino muchas veces: cada vez que él vio las obras de Dios, pero no creyó ni obedeció la Palabra de Dios (Éxodo 7-10). Un corazón que se endurece se vuelve menos sensible y un corazón menos sensible se endurece más.

5. El corazón se endurece más cuando las bondades de Dios son tomadas como razones para seguir pecando. La bondad de Dios está destinada a que nos arrepintamos, no a que las usemos como boletos para seguir pecando. Faraón reconoció su pecado algunas veces e incluso dijo que dejaría ir al pueblo de Israel. Pero cuando Faraón veía que Dios quitaba la plaga de Egipto, él ya no veía razón para dejar ir al pueblo de Israel (Éxodo 8:15; 9:34). Faraón, al igual que el hombre cuyo corazón está endurecido, se preocupaba más por las consecuencias negativas del pecado que por el Dios contra el cual se peca.


1 La soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre siempre han sido un misterio –¿cómo puede el hombre ser responsable y Dios ser soberano al mismo tiempo?–. Algunos eruditos de la Biblia dicen que la manera en la cual Dios endureció el corazón de Faraón fue dejándolo o no impidiendo que éste se volviera duro.

Ten piedad de mí – La IBI & SGM

LETRAS

Soy culpable de mi transgresión
He pecado contra Ti, Señor
Y Tú eres siempre justo al hablar
La muerte es mi sentencia, es la verdad.

PRE-CORO 1:
¿Si contarás nuestra iniquidad
Quién permanecerá?
Mi esperanza está en Ti, Señor
En Ti sé que hay perdón.

CORO:
Ten piedad de mí, un pecador
Hoy confieso mi necesidad
De gracia y de perdón
Ten piedad de mí, un pecador
En Ti hay gran misericordia
y abundante redención
Ten piedad de mí, oh Señor.

Mis pecados Cristo los llevó
Por Su rectitud yo vengo hoy
Me acerco sin vergüenza, ni temor
Pues ya no hay para mí condenación.

PRE-CORO 2:
Y tu Espíritu me habla a mí
Tu hijo siempre soy
Me recibes como a Jesús
Mi Padre, aquí estoy.

ESTRIBILLO:
//Aleluya, por su sangre//

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