Resoluciones de Jonathan Edwards.

Alrededor del 1722, Jonathan Edwards, pastor y teólogo protestante, elaboró 70 resoluciones cuya intención fue mover a Edwards (él mismo) a vivir una vida completamente para la gloria de Dios y el beneficio del resto de la humanidad. Edwards dijo:

“Estando consciente de que soy incapaz de hacer alguna cosa sin la ayuda de Dios, humildemente le ruego, que por Su gracia, me permita mantener estas resoluciones, en la medida en que éstas estén de acuerdo a Su voluntad, por la causa de Cristo”.

He aquí algunas de sus resoluciones:

  • #1. Resuelvo, que haré lo que piense que sea para la mayor gloria de Dios y para mi propio bien, ganancia y placer, en todo mi tiempo; no teniendo ninguna consideración del tiempo, ya sea ahora o nunca, ni por millares de edades desde hoy. Resuelvo, hacer todo lo que considere mi deber, sobre todo para el bien y la ganancia de la humanidad en general. Resuelvo, por tanto, hacerlo no importando las dificultades con que me encuentre, ni cuantas, ni cuán grandes que sean.
  • #2. Resuelvo, estar continuamente tratando de encontrar alguna nueva idea o invento para promover la cosas anteriormente mencionadas.
  • #5. Resuelvo, nunca perder ni un momento de tiempo, sino perfeccionarlo de la forma más provechosa que yo pueda.
  • #17. Resuelvo, que yo viviré así como hubiera deseado haberlo hecho cuando muera.
  • #20. Resuelvo, mantener la estricta sobriedad en el comer y el beber.
  • #24. Resuelvo, siempre que yo haga cualquier acción conspicua y maligna seguiré su rastro, hasta que llegue a la causa que la originó y entonces, me esforzaré cuidadosamente en no volver a hacerla y a pelear y a orar con toda mi fuerza en contra de la causa.
  • #39. Resuelvo, nunca hacer nada de lo cual yo tenga duda de su legalidad, esto es lo que trato, y al mismo tiempo, considerar y examinar después, si fuera legal o no; a menos que dudara yo mucho de la legalidad de la omisión.
  • #43. Resuelvo, nunca, de ahora en adelante, y hasta que yo muera, actuar como si me perteneciera a mi mismo, sino completamente y para siempre a Dios; ya que es agradable ser hallado así.
  • #52. Resuelvo, que viviré así como pienso que yo desearía haberlo hecho, suponiendo que viva hasta una edad avanzada.
  • #68. Resuelvo, confesarme francamente a mi mismo, todo lo que encuentro en mi ser ya sea enfermedad o pecado; y si ello fuera algo concerniente a la religión, también confesarle todo el asunto a Dios e implorarle que necesito su ayuda.

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Si Dios sabe lo que pediremos, ¿por qué orar?

Primero, veamos en la Palabra de Dios esta realidad (Dios sabe lo que diremos o pediremos, Dios quiere que oremos):

  • El salmista David fue aquel quien, inspirado por Dios, escribió: “Aun antes de que haya palabra en mi boca, he aquí, oh SEÑOR, tú ya la sabes toda” (Salmo 139:4); sin embargo, él no dejo de componer salmos al Señor ni de orar.
  • Jesús, cuando enseñaba a Sus discípulos a orar, dijo: “vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes que vosotros le pidáis” (Mt. 6:8); sin embargo, a la conclusión que Jesús llega en el versículo siguiente no fue que dejaran de orar, sino: “Vosotros, pues, orad de esta manera…” (v. 9).
  • Otro caso es el relato de los dos ciegos de Jericó que se encuentra en Mateo 20:29-34. Estos ciegos probablemente no tenían el conocimiento de la omnisciencia de Dios que tenía David, tampoco habían recibido la enseñanza que Jesús dio a Sus discípulos de cómo orar; pero ante su clamor para que Jesús tuviera misericordia de ellos, Jesús respondió: “¿Qué queréis que yo haga por vosotros?”. Obviamente ellos querían recuperar la vista, pero Jesús preguntó y ellos le pidieron la sanidad.

Ahora veamos que Dios quiere que nosotros oremos porque:

  • Él ha establecido que la oración de fe precede al obrar de Su mano poderosa en determinada circunstancia o a la obtención de aquello que deseamos y está dentro de Su voluntad. Jesús mismo dijo: “Y todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mt. 21:22). Dice en Santiago 5:15 que «la oración de fe restaurará al enfermo, y el Señor lo levantará». Dios puede, sin que nosotros oremos, obrar o concedernos algunos deseos que están dentro de Su voluntad; pero en la generalidad de los casos aquel que pide es quien recibe (“Pedid, y se os dará”, Mt. 7:7) y aquel que no pide es quien no recibe (“No tenéis, porque no pedís”, Stg. 4:2).
  • La oración nos recuerda que hay un (único) Dios soberano y no somos nosotros; más bien, nosotros dependemos enteramente de Él. Nosotros estamos aquí abajo y Él en las alturas; nosotros somos los necesitados y en Él está lo que necesitamos.

Las 5 solas de la Reforma Protestante.

  1. Sola Scriptura (Sola Escritura). Solo la Biblia, la palabra inspirada de Dios, es la autoridad final para todos los asuntos de la fe y la práctica. Ésta es clara, inerrante, infalible y también la norma por la cual toda doctrina eclesiástica o enseñanza cristiana ha de ser medida.
    Isaías 8:20; Marcos 7:6-8; Hechos 17:11; 2 Timoteo 3:16,17; Apocalipsis 22:18,19.
  2. Solus Christus (Solo Cristo). Solo Cristo Jesús es el mediador entre Dios y los hombres. Su obra perfecta –vida sin pecado, expiación vicaria en la cruz y resurrección– es suficiente para nuestra salvación y por medio de ninguna otra persona hay salvación.
    Juan 14:6; Hechos 4:12; 2 Corintios 5:21Colosenses 1:13-18; 1 Timoteo 2:5.
  3. Sola Gratia (Sola gracia). Solo por la gracia de Dios, favor inmerecido en Cristo, el pecador es salvado del pecado, de la ira de divina y bendecido con toda bendición espiritual; no por algún mérito en él, sino por la pura bondad de Dios.
    Romanos 4:4,5; Efesios 1:6; 2:8,9; 2 Timoteo 1:9,10; Tito 3:5-7.
  4. Sola Fide (Sola fe). Solo por medio de la fe en Jesucristo se recibe la justificación (ser declarados justos en base a la obra de Jesucristo) que proviene de Dios. Sin embargo, esta fe no está muerta, sino que resulta en un andar en aquellas buenas obras que Dios preparó de antemano.
    Romanos 1:17; 3:25; 5:1,2; Gálatas 3:5-8; Efesios 2:8-10.
  5. Soli Deo Gloria (Solo a Dios la gloria). Solo Dios merece la gloria, por Su soberanía en todos los aspectos de la vida del cristiano, particularmente en la salvación (la cual procede de y ha sido lograda por El). Debido a que Dios ha hecho todo para Su gloria, hemos de vivir ante Su presencia, bajo Su autoridad y solo para Él.
    Isaías 43:7; Romanos 11:36; 1 Corintios 10:31; Efesios 1:6; 1 Pedro 4:11.