Porque Dios es bueno.

Cuando hablamos del pecado en relación con el hombre (varón y hembra) decimos: el hombre no es pecador porque peca, sino que el hombre peca porque es pecador. Y lo que queremos significar con eso es que el hombre no nace moralmente bueno, el hombre tampoco nace moralmente neutro y comete algunos errores. Sino que el hombre nace con un corazón rebelde, inclinado hacia el pecado. Ahora, al hablar de la bondad en relación con Dios podemos usar la misma fórmula: Dios no es bueno porque hace/da buenas cosas, Dios hace/da buenas cosas porque Él es bueno.

En Mateo 7:11 Jesucristo dijo: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?”. Aunque este pasaje se encuentra en el contexto de la oración, el principio se aplica al tema que estamos considerando. El punto de Jesucristo es que si los hombres, que son malos, por la gracia de Dios dan buenas cosas a sus hijos, muchísimo más Dios, que es bueno por naturaleza –Su bondad no procede de nadie más aparte de sí mismo–. Dios no hace algunas cosas buenas aquí, da algunas cosas buenas allí para parecer un Dios bueno a la vista de los hombres. Dios no aparenta ser bueno, Dios es bueno. Y glorificar a Dios no significa adornarle con cosas que Él no es o que no ha hecho, más bien, es reconocer quién es Él y lo que ha hecho. Dios es siempre bueno, Él es bueno en todo lo que hace. Dejar de ser bueno por una décima de segundo sería ir en contra de Su perfecta naturaleza –lo cual es imposible–.

El Salmo 86:5 nos dice que Dios es bueno por naturaleza: “Pues tú, Señor, eres bueno y perdonador, abundante en misericordia para con todos los que te invocan“. El Salmo 145:9 nos habla de la bondad de Dios sobre todas Sus criaturas: “El Señor es bueno para con todos, y su compasión, sobre todas sus obras”. El Salmo 119:68a nos dice que Dios es bueno y que hace cosas buenas: “Bueno eres tú, y bienhechor”. En el Salmo 34:8 se nos llama a experimentar de manera personal y a reconocer la bondad de Dios: “Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él” (RVR1960). Y ya que Jesucristo ha dado a conocer a Dios Padre (Jn. 1:18), la bondad de Dios es demostrada como en ningún otro lugar en la cruz del calvario, el lugar donde Jesucristo murió para dar salvación a pecadores que merecían condenación.

Al recibir buenas dádivas de Dios, disfrutémoslas, pero no nos quedemos embelesados en ellas mismas. Más bien, levantemos nuestros ojos y miremos a Dios. Porque si las dádivas son buenas, muchísimo más es Aquel que las dio.

Puede ser que en ocasiones el proceder de Dios no nos parezca el de alguien bueno, pero no podemos permitir que este parecer triunfe sobre la certísima verdad que hemos considerado: Dios es bueno. Termino con una cita que se le atribuye a Charles Spurgeon: “Cuando no puedas seguir el rastro de la mano de Dios, confía en Su [buen] corazón”.

¿Un Dios bueno airado?

Tal vez algunos se pregunten por qué en varios artículos hablo de la ira de Dios contra el pecador impenitente (i.e. Que no se arrepiente), aún cuando una línea de la misión de este blog dice que busco proclamar que Dios es bueno. Esa es una buena pregunta, he aquí mi respuesta:

PORQUE DIOS SE HA REVELADO ASÍ

Ni el salmista ni el resto de la Biblia tienen problema en afirmar que Dios es bueno y también que Él está airado contra el pecador impenitente. Por ejemplo, el salmista afirma que Dios es bueno en el Salmo 34:8: “Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él” (RVR1960); y más adelante, en el mismo capítulo, en el versículo 16 dice: “La ira de Jehová contra los que hacen mal, para cortar de la tierra la memoria de ellos”. En el Salmo 119:68, el salmista dice: “Bueno eres tú, y bienhechor; enséñame tus estatutos”; aún cuando en un salmo anterior, Salmo 7:11, él había dicho: “Dios es juez justo, y un Dios que se indigna [o está airado] cada día contra el impío”.

En el resto de la Biblia también encontramos esto. Por ejemplo, el profeta dice en Nahúm 1:7: “Bueno es el SEÑOR, una fortaleza en el día de la angustia, y conoce a los que en El se refugian”; ahora, nótese lo que dice en los versículos que lo circundan: “En presencia de su indignación, ¿quién resistirá? ¿Quién se mantendrá en pie ante el ardor de su ira? Su furor se derrama como fuego, y las rocas se despedazan ante El… Lo que traméis contra el SEÑOR, El lo hará completa destrucción; no surgirá dos veces la angustia” (vv. 6, 9). No deberíamos tener problemas en presentar a un Dios bueno que se aíra contra el pecador impenitente ya que Dios mismo se ha revelado así.

PORQUE LA BONDAD DE DIOS ESTABLECE SU IRA

La bondad de Dios no excluye Su ira, más bien la establece. ¿Sería Dios bueno si se quedara de brazos cruzados ante la maldad de los pecadores? ¿Sería Dios bueno si se deleitara en el pecado de los hombres? ¿Sería Dios bueno si no manifestara Su enojo y castigo contra tales? Ciertamente no. Es precisamente porque Dios es bueno que Dios se aíra contra los pecadores impenitentes. Continúa leyendo ¿Un Dios bueno airado?

Pon tu delicia en el SEÑOR.

Las palabras del Salmo 37:4 pueden parecer a muchos una promesa de que se le concederá, a aquel que profese ser cristiano, absolutamente todo lo que a éste se le antoje; pero eso está muy lejos de la realidad. El Salmo 37:4 dice lo siguiente:

“Pon tu delicia en el SEÑOR, y El te dará las peticiones de tu corazón”.

El versículo comienza con el siguiente llamamiento: “Pon tu delicia en el SEÑOR”. Eso es lo primero, está antes que todo. Se nos llama a gozarnos, amar, apreciar sobre todas las cosas, encontrar placer en el Señor –no en lo que podría darnos, sino en El mismo–. Y es entonces que se promete: “El te dará las peticiones de tu corazón”. ¿Para quién es esa promesa? Para todo aquel cuyo deleite es el Señor. ¿Cuáles son las peticiones del corazón de esta persona? Es importante saber que el corazón pide aquello en lo cual se deleita. Así que, las peticiones del corazón de esta persona es el Señor mismo, lo que a El le agrada, lo que está acorde a Su voluntad y nada fuera de El. “Más de ti, Señor” –es la petición de aquel que se deleita en el Señor–; y esta petición es concedida por el Señor.

Poner nuestra delicia en el Señor es, como dijo Matthew Henry, tanto un deber como un privilegio. Ya que el Señor es bueno en Su esencia, el poner nuestra delicia en El no es un trabajo gravoso –¡contempla la cruz!–. Ya que fuimos creados para la gloria del Señor (Is. 43:3) y sólo en Su presencia hay plenitud de gozo, delicias para siempre (Sal. 16:11); ni los hombres, ni el dinero, ni el sexo, ni ninguna otra cosa creada es mejor que el Señor ni [ninguna cosa creada] tiene la capacidad de satisfacernos perfectamente. Sólo el Señor. Sea, pues, nuestra profesión el deleitarnos más y más en el Señor.

La bondad de Dios; no dudes de ésta.

Una de las estrategias malignas que Satanás ha usado desde el principio, y que continúa usando, es hacernos dudar de nuestro bondadoso Dios. Pero, no hay razón por la cual dudar de nuestro bondadoso Dios: Su bondad se manifiesta en el sustento de toda Su creación (Sal. 145:9); Su bondad se manifiesta en Su obrar para nuestro bien –aun en nuestras lágrimas y dolores (Ro. 8:28); Su bondad se manifiesta al darnos a Su Hijo y junto con Él todas las cosas (Ro. 8:32). Según Romanos 5:7,8 no hay amor más grande que éste: Jesucristo (lo más preciado) muriendo por pecadores (completamente inmerecedores de Su favor); y Romanos 8:35-39 nos dice que nada nos separará de tan grande amor. Estemos confiados en Él.

En Lamentaciones 3, leemos como el profeta en medio de sus lamentos reconoce la bondad de Dios en el pasado, el presente y el futuro. Si miras atrás, te darás cuenta de que como dijo el profeta: “Que las misericordias del SEÑOR jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades” (v. 22). Tu bondadoso Dios te creó y sustentó. Él te proveyó salud física cuando estabas enfermo, te proveyó salvación cuando estabas muerto en tus pecados. Mientras dormías, Su todopoderoso brazo te rodeó y te cuidó. Él ha cumplido las promesas que hizo. Si miras al presente, te darás cuenta que como dijo el profeta: “[Sus] misericordias son nuevas cada mañana; ¡grande es [Su] fidelidad!” (v. 23). Di a Dios: “Grande es tu fidelidad”. El sustento físico, el sustento espiritual, Su mano que te sostiene, la dispensación de Su perdón y el cumplimiento de Sus promesas no fueron bondades manifestadas solamente en el pasado; sino que Él aún sigue manifestándolas en el presente. El profeta dijo en el versículo 24: “El SEÑOR es mi porción –dice mi alma– por eso en El espero”. Espera en Jehová tu Dios porque es tu porción, tu herencia es Aquel que ha manifestado Su misericordia para contigo en el pasado y en el presente; ¿por qué dudar de la manifestación de Su bondad para contigo en el futuro? Además Él ha prometido: “No te desampararé, ni te dejaré” (Heb. 13:5).

Puede ser que por tu ignorancia a lo que pasará mañana o a las cosas secretas de Dios (Dt. 29:29) te preguntes si Dios manifestará Su bondad para contigo en el futuro. No dudes, sino sabe que Su promesa es certísima. Contempla la bondad de Dios para contigo en el pasado, en el presente y entonces di: “En Él esperaré” –lo cual es una confianza en que por la gracia de Dios en Jesucristo, así será. Como el salmista puedes decir: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida” (Sal. 23:6a). ¿En quien está basada esta confianza? En el Dios cuyas misericordias nunca decayeron y cuya fidelidad es grande. Ese mismo Dios es descrito en Santiago 1:17 primero como la fuente de toda bendición (“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende… del Padre de las luces”) y luego se le describe como el inmutable (“en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”). ¿Por qué traer a nuestras mentes Su atributo de inmutabilidad y no el de omnisciencia u omnipotencia? Porque el autor (inspirado por Dios) quiere que entendamos que el Dios que manifestó Su bondad ayer, no cambia; por lo tanto, Él también manifestará Su bondad mañana.

Es cierto que no sabemos lo que pasará mañana y es cierto que no sabemos completamente lo que hay en la mente de Dios; pero algo sí sabemos, y es que nuestro Dios es bondadoso. Él ha prometido ser nuestro Ayudador y ha manifestado Su bondad en el pasado, la manifiesta en el presente y la manifestará en el futuro. ¡Amén!