¿Cómo puedo ser más santo?

Dios se presenta a lo largo de toda la Biblia como un Dios Santo. Un ejemplo muy conocido de esto se encuentra en Isaías 6:3, que proclama: «Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos, llena está toda la tierra de Su gloria».

De la misma manera, nosotros, como hijos de Dios y parte de la iglesia de Cristo, también estamos llamados a ser santos. El apóstol Pedro lo expresa en su primera carta, 1 Pedro 1:15, diciendo: «sino que así como Aquel que los llamó es Santo, así también sean ustedes santos en toda su manera de vivir».

Ser santo implica ser puro, separado del pecado. Si bien Dios es santo por naturaleza, nos invita a que nosotros también lo seamos. Pero, ¿cómo podemos lograrlo? Pienso que las palabras de Jesús allá en Juan 17:17 –otro versículo bien conocido– son muy instructivas en este sentido:

“Santifícalos en la verdad; Tu palabra es verdad”.

ORA A DIOS

El capítulo 17 del evangelio de Juan registra la profunda oración intercesora de Jesús. En ella, Jesús se dirige a su Padre celestial y pide por la santificación de todos los que creen en él, incluyendo a sus discípulos de aquel entonces y a los cristianos de hoy. Esta es la esencia de su petición: que Dios nos haga santos.

¿Por qué es tan importante esta petición? Porque solo Dios puede santificarnos, y lo hace a través de su Espíritu Santo. Que Jesús mismo haya hecho esta súplica nos da dos grandes certezas:

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Capitán América: ¿qué hacer cuando algo es demasiado para ti?

Capitán América: Un nuevo mundo es la cuarta entrega de la serie de películas de Capitán América. En esta entrega, Sam Wilson ha asumido oficialmente ser el nuevo Capitán América en un mundo que está dividido. Sam y otros aliados como Joaquín Torres (quien asume el rol de Falcon) deben llegar al fondo de una conspiración que atenta contra la estabilidad global, enfrentar al villano Samuel Sterns y detener al presidente Thaddeus «Thunderbolt» Ross quien se ha convertido en Red Hulk.

La crisis pone a prueba el liderazgo de Sam Wilson como Capitán América. Tras el atentado en la Casa Blanca, el presidente le recuerda que él no es Steve Rogers. Con Joaquín en el hospital, Isaías –un super soldado– de vuelta en prisión y Sterns saliéndose con la suya, Sam comienza a dudar: ¿Acaso Steve Rogers se equivocó al darle el escudo de Capitán América?

¿Te has sentido así alguna vez? ¿Has sentido que tu situación es demasiado grande para ti? ¿Que alguien más –cualquiera menos tú– debería enfrentar el desafío que tienes por delante?

Déjame contarte sobre un personaje bíblico que vivió algo similar. Su nombre es Josué. Y su historia nos deja una lección poderosa.

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Signos vitales: permanece

Aquellos que tienen una comunión real y viva con Dios y Su iglesia permanecen hasta el fin. Los que abandonan, total y definitivamente, a Dios y Su iglesia evidencian así que nunca fueron creyentes verdaderos.

3 razones por las que odio el pecado a muerte.

La Palabra de Dios nos llama a mortificar el pecado que está en nosotros (Ro. 8:13). Y estoy convencido de que para hacer morir el pecado en nuestras vidas –no meramente “domesticarlo“–, primero debemos odiarlo. Y odiarlo con todo nuestro corazón. Por eso, aquí te comparto algunas razones por las que odio –y tú también deberías– odiar el pecado.

1. PORQUE EL PECADO ENTRISTECE A DIOS

En las exhortaciones que el apóstol Pablo les hace a los efesios, él dice: “Y no entristezcan al Espíritu Santo de Dios, por el cual fueron sellados para el día de la redención” (Ef. 4:30).

Aquí el apóstol dice que la persona del Espíritu Santo puede ser entristecido. Y debido a que es el Espíritu “de Dios”, y es Dios mismo, es correcto decir que Dios puede ser entristecido por nosotros. Pero la exhortación que se dirige a nosotros es que no lo entristezcamos.

¿Cómo entristecemos a Dios? Cuando pecamos. Y algunos de esos pecados que se mencionan en este contexto son: amargura, enojo, ira, gritos, insultos y toda malicia (v. 31). También cuando de nuestra boca salen malas palabras (v. 29), cuando robamos (v. 28), cuando decimos mentiras (v. 25), cuando cometemos alguna impureza sexual (v. 19), etc. Es como si nuestros pecados rompieran el corazón de Dios y pusiera Sus ojos llorosos.

Recuerda: cuando yo peco, estoy entristeciendo a Dios. Cuando peco, estoy entristeciendo al Ser más glorioso que existe. Pero no sólo eso. Cuando peco, estoy entristeciendo al Ser que más me ama en todo el universo, al Ser que sólo quiere lo mejor para mí y que todo lo que ha hecho ha sido para mi beneficio.

2. PORQUE EL PECADO ENGAÑA

Allá en Hebreos 3, el autor de esta carta dice que debemos cuidarnos cada día no sea que nos endurezcamos por el engaño del pecado (v. 13). ¿Pudiste sentir la seriedad de esas palabras? ¡Esto es una advertencia! Como la señal de peligro debido a la alta tensión o como la etiqueta que dice “veneno”. ¡Si no te cuidas, el pecado te va a engañar!

Uno de los engaños del pecado es hacernos creer que sólo serán unos pasos, cuando la verdad es que el pecado piensa llevarnos más lejos de lo que pensábamos. Como David, quien comenzó quedándose en Jerusalén y terminó acostándose con una mujer ajena y matando al esposo de ésta (2 Samuel 11).

Otro de los engaños del pecado es prometer un placer duradero a todo aquel que lo comete cuando lo cierto es que todos los placeres del pecado son “temporales” (Heb. 11:25). Samuel Waldron estaba en lo cierto cuando dijo: “Todo el disfrute de comer el delicioso bocado del pecado está más que compensado por la aflicción de la náusea y e vómito. ¡Siempre habrá más aflicción que placer en el pecado para un verdadero cristiano!”.

3. PORQUE EL PECADO TRAE CONSECUENCIAS NEGATIVAS

Las siguientes palabras de J. C. Ryle explican muy bien este punto: “El mundo que nos rodea está lleno de aflicción. La enfermedad, el dolor, la debilidad, la pobreza, las penas y los problemas abundan por todas partes. De un extremo del mundo al otro, la historia de las familias está llena de lamentos, lágrimas, tristeza y aflicción. ¿Y de dónde procede todo ello? El pecado es la fuente y la raíz a la que todo se remonta. No habría habido lágrimas, ni preocupaciones, ni enfermedades, ni muertes, ni funerales en la Tierra si no hubiera habido pecado. Debemos soportar con paciencia este estado de cosas. No podemos alterarlo. Podemos agradecerle a Dios que tenemos un remedio en el Evangelio y que esta vida no lo es todo. Pero, en el tiempo intermedio, echemos la culpa a quien la tiene. Acusemos al pecado”.

“¡Cuánto debemos odiar el pecado! En vez de amarlo, aferrarnos a él, coquetear con él, excusarlo y jugar con él, deberíamos odiarlo con un odio mortal. El pecado es el gran asesino, el gran ladrón, la gran peste y plaga de este mundo. No hagamos las paces con él. Declarémosle la guerra sin cuartel. Dios lo aborrece. Bienaventurado aquel que es de una sola mente con Dios y que puede decir que aborrece lo malo (cf. Romanos 12:9)”.

¿Y tú? ¿Por qué odias el pecado? Te animo a dar más razones en la caja de comentarios.