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ÂżCĂłmo podemos ser salvos? Todas las religiones de este mundo responden a esa pregunta de la siguiente manera: debes comportarte suficientemente bien para que Dios te salve. Pero el cristianismo, y solamente el cristianismo, responde a esa pregunta de una manera diferente. Veamos la respuesta del cristianismo a partir de Lucas 19:10, que dice:
“porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se habĂa perdido”.
En primer lugar, el versĂculo dice que el Hijo del Hombre ha venido. ÂżQuiĂ©n es el Hijo del hombre? JesĂşs, quien es Dios en esencia (cp. Ezequiel 34:11, 16). Él vino a esta tierra como un hombre con un propĂłsito en mente. No fue el hombre quien subiĂł a Dios, fue Dios quien bajĂł al hombre. Dios fue quien tuvo la iniciativa, no el hombre.
En segundo lugar, el versĂculo nos dice que el propĂłsito que JesĂşs tuvo en mente fue buscar y salvar lo que se habĂa perdido. ÂżQuĂ© se habĂa perdido? Nosotros, y no por accidente; sino por elecciĂłn propia: quisimos vivir a nuestra manera, independientes de Dios y Su ley –ahora somos incapaces de volver por nosotros mismos–.
Pero JesĂşs vino tanto a buscar como a salvar. La salvaciĂłn no es la oferta que se le hace a los que siempre han estado buscando de Dios (Romanos 3:11), más bien JesĂşs es quien está buscando a los pecadores para darles salvaciĂłn. Eso no quiere decir que el hombre no va a JesĂşs, sino que cuando va es porque primero fue atraĂdo por el Padre (Juan 6:44). Eso no quiere decir que el hombre no tiene la responsabilidad de arrepentirse y tener fe –pues sĂ la tiene–, sino que cada vez que veamos a un pecador sinceramente arrepentido y confiando en JesĂşs debemos reconocer que Dios le concediĂł eso (Juan 6:37).
JesĂşs no vino tan solo a apuntarnos hacia la salvaciĂłn, sino a ser Él mismo nuestra salvaciĂłn. Y asĂ lo hizo al vivir la vida perfectamente obediente que nosotros debimos haber vivido, al morir en la cruz la muerte que nosotros merecĂamos y al resucitar confirmando asĂ nuestra salvaciĂłn: el poder para renunciar al pecado y vivir en obediencia a Dios, el ser vistos y tratados como justo, la adopciĂłn en la familia de Dios, perdĂłn de pecados, la vida eterna.
Todo esto nos lleva a la conclusión de que debido a que la salvación que se predica en el cristianismo es un regalo –y no el pago de una obra–, el cristianismo es más que una mera religión.

Alguien dijo que ningĂşn erudito serio se ha atrevido a postular la no-historicidad de JesĂşs. Y que JesĂşs fue un personaje histĂłrico es confirmado no tan solo por los 27 libros del Nuevo Testamento, sino tambiĂ©n por Cornelio Tácito (historiador romano), Flavio Josefo (historiador judĂo), etc. La Enciclopedia Británica misma habla de JesĂşs como un personaje histĂłrico a diferencia de, por ejemplo, Sherlock Holmes (personaje ficticio).
JesĂşs lucĂa como un hombre de carne y hueso porque Él fue un hombre de carne y hueso. Sin embargo, el fue más que tan solo un hombre. Flavio Josefo se preguntĂł si era lĂcito llamarlo un hombre, pues Él hacĂa maravillas. A diferencia de los fundadores de otras religiones, JesĂşs afirmĂł ser Dios mismo (Juan 5:17, 18; 8:58); Sus discĂpulos confirmaron que Él es Dios (Tito 2:13; 2 Pedro 1:1); e incluso Sus enemigos lo dijeron (Marcos 1:24).
La vida de Jesús estuvo marcada no tan solo por la ausencia de pecado (Lucas 23:4, 47, 41), sino que también estuvo marcada por la presencia de muchas señales milagrosas. Entre ellas:
La principal señal milagrosa de Jesucristo fue Su resurrecciĂłn de entre los muertos: JesĂşs muriĂł colgado en una cruz. Y Su muerte fue confirmada por la multitud que lo presenciaba, por los soldados romanos profesionales y por Sus discĂpulos. JesĂşs fue sepultado, pero despuĂ©s de 3 dĂas resucitĂł. Muchas teorĂas se han formulado en contra de la resurrecciĂłn de JesĂşs, pero hay algo que está más allá de toda discusiĂłn: la tumba de JesĂşs está vacĂa –a diferencia de la tumba de los fundadores de otras religiones.
Todo esto nos lleva la conclusión de que debido a que el fundador del cristianismo –Jesús– es más que tan solo un hombre, el cristianismo es más que una mera religión.
Una parábola es un relato o narraciĂłn acerca de la vida terrena, pero que tiene una enseñanza espiritual. El significado literal de la palabra «parábola» es similitud o comparaciĂłn. Y segĂşn el Diccionario expositivo Vine, se deben evitar dos peligros al tratar de interpretar las parábolas en las Escrituras: (a) el de pasar por alto las caracterĂsticas centrales, y (b) el de aplicar un significado a cada uno de sus detalles.
Debemos orar con fe que el Señor nos haga entender las parábolas; ya que aunque a los incrédulos no se les concede conocer los misterios del reino, a los creyentes sà (Mat. 13:11).
En Mateo 13:44 Jesucristo enseñó lo siguiente:
“El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegrĂa por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo”.