
“Haz a AmĂ©rica grande otra vez” es un eslogan de campaña que popularizĂł el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Estados Unidos es una gran naciĂłn en varios sentidos, por eso miles de personas quieren ser parte de Ă©sta. Pero muchos norteamericanos reconocen que con el pasar del tiempo esta naciĂłn ha perdido ciertas cosas que la hacĂan grande y que deben recuperar.
Como cristianos, tenemos el gran privilegio de ser parte de la naciĂłn más grande –y no es EE. UU.–. Nosotros formamos parte del pueblo que Dios ha hecho Suyo y del pueblo que tiene a Dios como suyo. En Deuteronomio 4:7 y 8, Dios dice que debido a su relaciĂłn con Él, las otras naciones verĂan a Israel como una gran naciĂłn:
“Porque, ¿qué nación grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como está el Señor nuestro Dios siempre que le invocamos? ¿O qué nación grande hay que tenga estatutos y decretos tan justos como toda esta ley que hoy pongo delante de vosotros?”.
UN DIOS CERCANO
La primera razĂłn, segĂşn el versĂculo 7, de por quĂ© el pueblo de Dios es la naciĂłn más grande es porque su Dios es cercano. TĂş no puedes simplemente decir que mañana vas a reunirte con el presidente y hacer que suceda. TĂş no puedes simplemente ir al palacio presidencial y hablar con el presidente. Tener acceso al presidente es un privilegio que muy pocas personas tienen.
Pero no es asĂ para el pueblo de Dios. Dios está cerca de Su pueblo, tan cerca que Sus oĂdos pueden escuchar claramente hasta el susurro que los Suyos dirigen a Él en oraciĂłn. Y Él, teniendo todo el poder, se ha comprometido a suplir toda necesidad de Su pueblo.
UNA LEY JUSTA
La segunda razĂłn, segĂşn el versĂculo 8, de por quĂ© el pueblo de Dios es la naciĂłn más grande es porque tiene una ley justa. La ley que Dios ha dado a los Suyos es justa y, en consecuencia, es beneficiosa para el pueblo que la obedece. Al mismo tiempo, esta ley refleja la sabidurĂa y la inteligencia de Dios mismo. Esta ley, por lo tanto, es superior a todas las demás leyes de las otras naciones.
No hay otra ley “tan consonante con la equidad natural y los dictados sin prejuicios de la razón correcta, tan consistente consigo misma en todas sus partes y tan propicia para el bienestar y el provecho de la humanidad” (Matthew Henry).
Como pueblo de Dios, hagamos uso de estos grandes privilegios que tenemos al orar siempre y al obedecer Su Palabra.