ÂżPor quĂ© es importante leer la Biblia? [II]

Consideremos algunas razones, a partir del Salmo 119, de por qué es importante leer la Biblia:

  • Porque es feliz aquel que obedece la Biblia: “¡Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios, y con todo el corazĂłn le buscan!” (v. 2).
  • Porque la Biblia nos previene de pecar contra Dios: “En mi corazĂłn he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti” (v. 11). ÂżCĂłmo haremos lo que nuestro Dios manda si primero no conocemos Su mandamiento? ÂżCĂłmo no haremos lo que nuestro Dios nos prohĂ­be si primero no conocemos Su prohibiciĂłn?
  • Porque la Biblia es maravillosa –más que todo libro escrito y que se escribirá–: “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley” (v. 18).
  • Porque la Biblia es el instrumento de Dios para salvar: “Venga tambiĂ©n a mĂ­ tu misericordia, oh Señor, tu salvaciĂłn, conforme a tu palabra” (v. 41). En la Biblia se encuentra el evangelio de Jesucristo por el cual son salvados los que creen.
  • Porque la Biblia nos alienta en momentos de aflicciĂłn: “Este es mi consuelo en la aflicciĂłn: que tu palabra me ha vivificado” (v. 50; vĂ©anse tambiĂ©n vv. 25, 28). Por ejemplo, la Biblia está llena de “no temas” y de promesas de bien para los que pertenecen a Dios.
  • Porque en la Biblia Dios mismo se ha revelado: “Bueno eres tĂş, y bienhechor; enséñame tus estatutos” (v. 68; vĂ©ase tambiĂ©n v. 137). El Dios personal –más importante que el presidente de nuestra repĂşblica, que el presidente de Estados Unidos y que el rey de España– se ha dado a conocer. Y nosotros, que hemos sido hechos Su pueblo, hemos de conocerle más y más.
  • Porque la Biblia es eterna: “Para siempre, oh Señor, tu palabra está firme en los cielos” (v. 89).
  • Porque la Biblia nos advierte: “Mi carne se estremece por temor a ti, y de tus juicios tengo miedo” (v. 120). Debemos atender a y agradecer por las advertencias en la Biblia tanto como lo hacemos con las promesas de bien; ya que Ă©stas (las advertencias) tienen el propĂłsito de que nos apartemos del pecado.
  • Porque la Biblia es fuente de sabidurĂ­a –no la que es segĂşn el mundo, sino la que es segĂşn Dios–: “La exposiciĂłn de tus palabras imparte luz; da entendimiento a los sencillos” (v. 130; vĂ©anse tambiĂ©n vv. 66, 98-100).
  • Porque Dios, en Su gracia, recompensa a quienes guardan Su Palabra: “Mira mi aflicciĂłn y lĂ­brame, porque no me olvido de tu ley” (v. 153).
  • Porque la Biblia es verdadera y justa: “La suma de tu palabra es verdad, y cada una de tus justas ordenanzas es eterna” (v. 160; vĂ©anse tambiĂ©n vv. 62, 86a). En un mundo donde abunda la mentira y donde “la justicia” se corrompe, la Biblia es verdad y justicia.
  • Porque la Biblia nos da paz: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y nada los hace tropezar” (v. 165).

Si no leemos la Biblia –y meditamos en ésta y la obedecemos–, perdemos todos estos beneficios.

1ra parte; 2da parte

ÂżPor quĂ© es importante leer la Biblia?

Leyendo la BibliaCuando supe que algunos de mis hermanos en la fe no leían la Biblia, quede atónito. Y cuando digo “leer la Biblia” no me refiero a leerla sólo cuando la iglesia se reúne, sino que me refiero a la disciplina de la lectura diaria de la Biblia. Entonces vino a mi mente la siguiente pregunta: ¿qué si la no-lectura de la Biblia no es algo tan solo de “algunos”, sino de “muchos”? No pasó mucho tiempo antes de que mi temor se confirmara. En el 2012, LifeWay hizo una encuesta en la que preguntó, a aquellos que asisten a la iglesia y que afirman querer agradar a Jesús, con cuánta frecuencia ellos leían la Biblia:

Tan solo el 19% afirmó leer la Biblia “cada día”. El 26% afirmó leer la Biblia “unas pocas veces a la semana”. El 14% afirmó leerla “una vez a la semana”. El 22% afirmó leerla “al menos una vez al mes”. Y el 18% afirmó leerla “rara vez” o “nunca”1.

¡Qué triste realidad! Alguien dijo acertadamente que la Biblia no está supuesta a ser un pastel para ocasiones especiales, sino un pan para consumo diario.

No debemos sorprendernos de que los no-cristianos, cuyo corazĂłn no ha sido cambiado por el EspĂ­ritu Santo, no les interese leer y obedecer la Biblia; pero sĂ­ debe sorprendernos que uno que profese ser cristiano actĂşe de la misma manera. Pensemos seriamente en todo esto.

En Salmos 119, David dijo acerca de la Palabra de Dios que era su deleite (v. 24), más dulce que la miel (v. 103), el objeto de su amor (v. 97), mejor que el oro y la plata (v. 72). No es de extrañar que él haya mencionado la meditación en la Palabra de Dios varias veces (8 veces) en este salmo. No es de extrañar tampoco que él le haya pedido a Dios: “Inclina mi corazón a tus testimonios” (véanse vv. 33-40). Has tuya esa petición justo ahora.

En el próximo artículo, si Dios quiere, consideraremos algunas razones de por qué es importante leer la Biblia.


1 http://www.lifeway.com/Article/research-survey-bible-engagement-churchgoers

1ra parte; 2da parte

Flavel sobre “La providencia de Dios” [II]

No toda puerta abierta significa que debemos entrar por ella y no toda puerta cerrada significa que no debemos entrar por ella; debemos guiarnos por la Palabra de Dios. O en palabras de John Flavel: “nosotros solamente podemos preocuparnos por la voluntad revelada de Dios. La cual nos es revelada a cada uno de nosotros en Su palabra y en Sus obras. Debemos escudriñar las Escrituras y en los casos en donde no hay ninguna regla particular para guiarnos, deberíamos aplicar los principios generales de la Escritura a nuestro problema particular. Si aún tenemos dudas acerca de “qué hacer”, no deberíamos considerar sólo la providencia por sí misma para descubrir la voluntad de Dios. La forma más segura es considerar la providencia en relación con los mandamientos y las promesas de la Biblia”.

PAZ EN SU MENTE Y CORAZÓN

Un hombre fue convertido de su mala manera de vivir y de sus malas compañías, pero pasado algún tiempo fue tentado a regresar al camino del mal. La providencia le condujo a ver su condición, trayendo a su mente el Proverbio 1:24-26. Estaba muy inquieto pensando que su pecado no podría ser perdonado. Pero Dios le enseñó en la Escritura, Lucas 17:4, y esto le produjo una paz firme en su mente y en su corazón.

Ese es un ejemplo de cĂłmo nuestra mente y corazĂłn pueden ser aquietados por la Palabra de Dios.

EL VASO QUE NO SE QUEBRĂ“

Había una buena mujer que sentía que Dios la había dejado. Poco después se encontró en un estado de desesperación tan profundo que rehusaba todo consuelo. Un día, un ministro del evangelio fue a verla. Ella tomó un vaso de la mesa y dijo: “Estoy tan segura de ser condenada como es seguro que este vaso se quebrará al dejarlo caer”. Ella arrojó el vaso hacia el suelo con toda su fuerza, pero para sorpresa de ambos, el vaso no se quebró. El ministro le mostró que esto era la obra de la providencia y desde ese entonces su estado mental se mejoró grandemente.

Si Dios no hubiera dicho nada en Su Palabra revelada acerca de la salvación eterna y amparo de los Suyos, entonces esa mujer tendría razón para preocuparse –aunque el vaso no se quebrara–. Pero, si Dios habla en Su Palabra acerca de la salvación eterna y amparo de los Suyos, entonces esa mujer tiene razón suficiente para sentirse segura –aunque el vaso se quebrara–. Dios nos dice en Hebreos 13:5 lo siguiente: “NUNCA TE DEJARE NI TE DESAMPARARE”; y en Romanos 8:1 dice: “no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús”. La gran Gloria de las obras de Dios en la creación y en la providencia consiste en que confirman lo que Él ha dicho en su Palabra escrita.


Este artículo es una adaptación, hecha por Misael Susaña, de: John Flavel. El misterio de la providencia (USA: Publicaciones Faro de Gracia, 2001).

1ra parte; 2da parte

Flavel sobre “La providencia de Dios”.

“Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que todo lo hace para mí” (Salmos 57:2).

Podemos definir la soberanía de Dios como Su control de todos los eventos, desde los más pequeños hasta los más grandes, y gobierno sobre Sus criaturas para Su gloria y el máximo beneficio de Su iglesia en Jesucristo (Ro. 8:32).

La providencia de Dios abarca:

  • nuestro nacimiento (Sal. 139:13-16);
  • el lugar de nuestro nacimiento;
  • nuestro nuevo nacimiento (Hch. 8:26-35);
  • nuestra vocaciĂłn en esta vida;
  • nuestra vida familiar (Gn. 24);
  • beneficios para nuestras familias (Lam. 3:23);
  • ser guardados del mal (1 Co. 10:13);
  • ser guardados de la enfermedad y el peligro (2 Corintios 11:23-28);
  • la ayuda para ser más santos (Sal. 119:67).

Y ya que Dios en Su providencia gobierna sobre sus criaturas, toda la gente en el mundo siempre cumple los propĂłsitos de Dios, aun cuando no quieran hacerlo. Continuar leyendo Flavel sobre “La providencia de Dios”.