Dios está sentado en Su trono, como el gobernador supremo, dirigiendo toda Su creación. Él, desde la eternidad, ha decretado todo lo que ha de suceder en el tiempo de una manera inalterable. Ahora, eso no significa que nosotros nos vamos a cruzar de brazos mientras miramos a las cosas que sucederán. Dios nos llama a actuar, a obrar, a movernos y nos considera responsables tanto de lo que hacemos como de lo que no hacemos. Y eso es asà porque Dios no tan solo ha decretado el fin, sino también el medio para llegar a ese fin.
EclesiastĂ©s 11:6 dice: “De mañana siembra tu semilla y a la tarde no des reposo a tu mano, porque no sabes si esto o aquello prosperará, o si ambas cosas serán igualmente buenas”. Dios es el que hace todas las cosas: Él dirige el camino del viento, la caĂda de la lluvia y todo lo demás –incluso la formaciĂłn de los huesos en el vientre de una mujer embarazada–. Y aunque nosotros no conocemos la obra de Dios en ninguna de esas cosas; debemos trabajar si queremos recibir los frutos de nuestro trabajo. ÂżEstás trabajando diligentemente?
1 Corintios 1:21 dice: “Porque ya que en la sabidurĂa de Dios el mundo no conociĂł a Dios por medio de su propia sabidurĂa, agradĂł a Dios, mediante la necedad de la predicaciĂłn, salvar a los que creen”. El apĂłstol Pablo nos enseñó que Dios predestinĂł para salvaciĂłn a un grupo de personas y que ellas serán salvas sin duda alguna. Y ese mismo apĂłstol nos enseñó que Dios salva por medio de la predicaciĂłn del evangelio de Jesucristo. Es importante que ores para que Dios salve a tus seres queridos, pero tambiĂ©n es necesario que le prediques el evangelio. ÂżEstás predicando?
Filipenses 2:12 dice: “AsĂ que, amados mĂos, tal como siempre habĂ©is obedecido, no sĂłlo en mi presencia, sino ahora mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvaciĂłn con temor y temblor”. El EspĂritu Santo de Dios que habita en nuestro corazĂłn es quien nos santifica, produciendo en nosotros tanto el querer como el hacer. Y la respuesta apropiada a eso, la respuesta que Dios espera de nosotros, es que nos ocupemos de nuestra salvaciĂłn –no que la descuidemos–. ÂżDe quĂ© maneras te estás ocupando de tu salvaciĂłn en dependencia del EspĂritu?
Santiago 4:2 dice: “No tenĂ©is, porque no pedĂs”. Santiago les dijo a sus lectores que una de las razones por las cuales ellos no tienen aquello que anhelan es porque no lo piden. No debemos esperar recibir aquello que anhelamos cuando primero no lo hemos pedido a Dios en el nombre de JesĂşs. La oraciĂłn es el medio que Dios ha decretado por el cual recibimos aquellas buenas cosas que anhelamos. ÂżHay algĂşn anhelo lĂcito en tu corazĂłn? ÂżYa se lo pediste a Dios en oraciĂłn?

