Un poderoso estímulo a la oración.

¿Qué haces en la angustia? ¿A dónde buscas auxilio cuando estás en apuros? ¿A quién llamas cuando estás en problemas? El salmista David nos instruye con su ejemplo en el Salmo 86:7, donde él dice: “En el día de mi angustia te llamaré, porque tú me respondes”.

En el día de su angustia, el salmista no se quedaba paralizado por el miedo, pero tampoco se movía confiando en sus propias fuerzas; más bien, él invocaba, clamaba, oraba a su Dios. ¿Por qué, en vez de hacer otra cosa, el salmista oraba a Dios? Su respuesta es simple: “porque tú me respondes”. El salmista no estaba orando en vano a un dios que aunque tenía oídos, no oía (Sal. 115:6a); el salmista oraba con confianza en el Dios verdadero que le respondería –David no sería avergonzado–.

IMPLICACIONES PARA LOS SERVICIOS DE ORACIÓN

¿Por qué tan pocos cristianos (en comparación con los servicios de adoración dominicales) asisten a los servicios de oración? ¿Es que nunca han experimentado angustia (aunque no solo oramos en angustia)? ¡No lo creo! ¿O será realmente porque dudan que Dios responda? Examina tu corazón y, entonces, ve a la cruz de Jesucristo.

Pero también a aquellos que sí asisten a los servicios de oración, ya que pueden ser tentados a orar mecánicamente (con el corazón desconectado de sus labios): la oración es mucho más que una carta «a quien pueda interesar».

Orar sí tiene sentido. Dios realmente oye las oraciones y responde a favor de Su pueblo. Dios quiere responder a las oraciones y responde de acuerdo a Su buena, agradable y perfecta voluntad.

Cuando nos distraemos de lo más importante.

Al final de Lucas 10 se relata como Jesús entró en una aldea y visitó la casa de Marta y María (hermana de ella). Mientras María es descrita como aquella «que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra» (v. 39); Marta es descrita como aquella que «se preocupaba con todos los preparativos»  (v. 40). Cuando Marta le dice a Jesús que le diga a su hermana que la ayudara, Jesús le responde: “Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada” (vv. 41, 42).

Jesús en la casa de Marta y María¿Es importante hacer las tareas domésticas? ¡Claro! ¿En dónde, entonces, está el problema? El problema no es que Marta está haciendo las tareas domésticas, sino que se preocupa exageradamente y trabaja excesivamente. Esto, al mismo tiempo, lleva a Marta a enfocarse de tal manera en las cosas que la distrae de la persona más importante –Jesús–. El querer hacer las muchas tareas domésticas (que es importante) ha hecho que Marta descuide en ese momento su relación con Jesús (que es lo más importante). Para ponerlo en las palabras de Mateo 6: Marta está tan afanada con las añadiduras que descuidó el reino de Dios y su justicia.

Pero Jesús dice que una cosa es necesaria –ésta es nuestra principal necesidad–: una relación personal con el Salvador y Señor Jesús, en la cual frecuentemente hablamos con Él (a través de la oración) y Él nos habla (a través de Su Palabra). Esa es la buena parte que nunca será quitada ni a María ni a ninguno de aquellos que la escogen.

CONCLUSIÓN

A las amas de casa: hacer las tareas domésticas no es pecado; pero afanarse al hacerlas y descuidar tu relación con el Señor sí lo es. Cuídate de que tal cosa suceda.

A los que ministran como pastores, diáconos, predicadores, etc.: es muy probable que Marta estuviera trabajando para [que fuera agradable la estancia de] Jesús. Sin embargo, Jesús le dijo que ella había descuidado esa sola cosa que es necesaria. Recuerdo a un predicador decirle a un grupo de recién graduados del seminario que Jesús está más interesado en el trabajo que hacemos con Él que en el trabajo que nosotros hacemos por Él. Trabajar para el Señor no está mal, pero éste debe ser el resultado de nuestra relación con Él (en la cual oramos y estudiamos la Palabra no sólo para otros, sino también para nosotros mismos). Cuídate de enfocarte tanto en el ministerio que haces que te distraigas del Señor para el cual ministras.

Una advertencia pertinente [III]

Éste es el tercer artículo sobre la advertencia pertinente que encontramos en 1 Juan 5:21, en este versículo se dice: “Hijos, guardaos de los ídolos”. He definido a un ídolo como toda aquella persona, cosa o estado que, no siendo el único Dios verdadero, hemos sentado en el trono de nuestro corazón. Y, por lo tanto, le damos más importancia y deseamos más que a Dios.

Antes de “destronar” a un ídolo de nuestro corazón es necesario identificarlo. E identificar a un ídolo puede ser una tarea complicada, que requiere cuidado y habilidad. Porque alegrarnos debido a que tenemos a alguien o algo, o entristecernos debido a que perdimos a alguien o algo no es necesariamente indicación de idolatría en el corazón. Por lo tanto, oremos a Dios para que nos muestre si hay idolatría en nuestro corazón. Al mismo tiempo, consideremos algunas maneras en las cuales podemos identificar los ídolos en nuestro corazón:

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Tripp sobre “Aclarando la responsabilidad”.

Una de las preguntas más importantes en la vida es: “¿Quién es responsable de qué?”. Al tratar con esta cuestión en el ministerio, usted encontrará tres clases de personas.

El primer grupo está formado por personas que son irresponsables. Ellas fallan en reconocer y asumir las responsabilidades que Dios les ha dado. A continuación, se encontrará con aquellos que son demasiado responsables. Estas personas asumen la responsabilidad de cosas que Dios no les ha asignado o preparado para hacer. La tercera clase de personas son, probablemente, la mayor de las tres. Estas personas están genuinamente confundidas acerca de qué tareas Dios les ha dado y qué cosas se les pueden confiar a Él. Éstas algunas veces son mini-mesías, que tratan de hacer cosas que sólo Dios puede hacer. En otras ocasiones le piden a Dios que se haga cargo de responsabilidades que Él claramente les ha encargado. Los tres grupos tienen que comprender sus responsabilidades con el fin de aplicar el cambio de manera significativa a sus vidas diarias. Continuar leyendo Tripp sobre “Aclarando la responsabilidad”.